En los años que llevo trabajando dentro de un SPA he tenido que ver como todo el mundo opina sobre la calidad de los SPA, a veces con algún acierto, otras con poco. Voy a centrarme en este artículo en uno de los aspectos que más incide en la calidad del servicio prestado: los medios humanos y materiales con que cuenta el Servicio de Prevención Ajeno.

Tenemos por un lado la Administración que “pretende regular” la calidad de los SPA a golpe de Real Decreto, esto es, voy a decirle a los SPAs que equipos tienen que tener, cuantos técnicos, donde los tiene que tener, con ratios y fórmulas muchas veces tan complicadas que se hace difícil hasta para la propia Administración saber cómo aplicarlos y que además dependen de la actividad de la empresa. Igualmente pasa con vigilancia de la salud, te indican cuantas Unidades Básicas de Salud tienes que tener, la titulación, los equipos, si puedes o no utilizar unidades móviles…. En fin una maraña de artículos de difícil comprensión y que poco tienen que ver con el día a día de un SPA (mirándolo como si fuese una empresa) y donde en función del trabajo que tienes que hacer te organizas tus recursos.

Además los SPAs tienen un convenio que marca unos salarios mínimos a abonar a los trabajadores que realizan estos servicios (médicos, técnicos, DUEs,…)

Con dichos requerimientos el SPA ha de montar sus instalaciones y contratar el personal con lo que ya le tiene unos costes de partida que debe repercutir por los servicios prestados. En muchos casos el cliente final no acaba de entender porque ha de pagarlos a ese precio cuando él realmente lo único que quiere es un reconocimiento médico, una formación, una medición, o simplemente la cobertura del SPA… se desconoce –porque no se les ha explicado- que para poder dar esos servicios el SPA necesita obligatoriamente tener unos equipos, instalaciones y personal que están fijados por Ley.

Por otro lado tenemos los SPAs que, como en otros sectores en épocas de crisis, han empezado (algunos) a lanzar servicios “lowcost”, esto es dar muy poco o ningún servicio a cambio de unas tarifas en muchos casos “ridículas” y que no cumplen ni siquiera con lo comentado en los párrafos anteriores, esto es, no tienen los equipos, materiales y/o personal humano necesario y/o no cumplen sus obligaciones como empresa a la hora de pagar los salarios según lo que se recoge en el convenio. Esto ha llevado a que el cliente final esté acostumbrado a que le ofrezcan SPAs a precios muy bajos creyendo el cliente que la cobertura y o la calidad de los mismos es buena.

Por último, y no menos importante, tenemos al cliente final donde podríamos distinguir entre dos grandes grupos:

  • Cliente final empresa pequeña sin nadie que se dedique a prevención (donde el interlocutor habitualmente no entiende de prevención ni conoce en profundidad lo que está contratando y es el SPA quien le dice lo que tiene que hacer-contratar)
  • Cliente final empresa con personal dedicado a las tareas de prevención (donde el interlocutor tiene unos conocimientos mínimos en materia de prevención –hasta de nivel superior en casos de Servicios de Prevención Propios y Mancomunados- y son ellos los que te dicen lo que necesitan-quieren y donde suelen ser ellos los que marcan los requerimientos)

En ambos casos hay una parte de la problemática que es común: hoy en día todo está de rebajas y las partidas que se destinan a la Prevención en las empresas no son una excepción.

Se intenta reducir al máximo el precio de los servicios que se contratan sin importar en qué condiciones se va a prestar dicho servicio. Es más, normalmente lo que hacen es pedir varias ofertas y decidirse por la más barata sin valorar si las diferentes propuestas que se le han hecho para realizar el servicio son comparables.

Es habitual escuchar el que te digan, si total estos me hacen lo mismo pero un % más barato que vosotros, a lo cual tienes que intentar explicarle al cliente que hay diferencias y, si consigues que te dejen ver la oferta de la competencia, incluso se la puedes explicar e intentar que el cliente la valore pero, ¿realmente lo consigues? Desgraciadamente casi nunca ya que lo que prima hoy en día es el precio.

Pero el precio va ligado a “dedicación horaria” por parte de personal técnico y sanitario y a menos precio menos dedicación, con lo que te encuentras reconocimientos médicos que se hacen en 5 minutos, evaluaciones de riesgos que el técnico dispone de 2 horas para ir y volver de la empresa, hacer la toma de datos, hacer el informe y llevárselo y explicárselo a la empresa, ¿es esto posible?

Pues bien, yo diría que NO, eso sí ahora empiezan a salir “consultores expertos” que hacen estudios en los cuales llegan a la conclusión de que el SPA correspondiente da mal servicio a la empresa recomendándoles habitualmente cambiar a otro SPA, pero ¿No sería más fácil hablar con el SPA que ya tienes e intentar que te hagan las cosas bien y si no pueden, no quieren o no saben entonces buscarte otro? Eso sí, con amplitud de miras e intentando escucharles ya que el SPA está para “asesorar” a la empresa en lo que es mejor para ella.

Hasta aquí solo hemos hablado de recursos humanos y materiales para la realización de la actividad del SPA, pero, ya puestos, ¿No deberíamos incidir más en el servicio propiamente dicho?: contenido y tipos de informe efectuados por el técnico, formaciones realizadas y temarios utilizados, protocolos aplicados a los reconocimientos médicos… eso si sería ir en pro de la calidad. Lo difícil de esto es ¿Quién le va a decir a un técnico, UBS si lo ha hecho bien o no? ¿Con que criterio?… esto ya es entrar en terreno pantanoso y lo dejaremos para otro día.